
Andamos siempre con el algoritmo en la boca. La mayoría de veces para decirle que es medio idiota, porque nos recomienda cosas y no entendemos muy bien por qué. Como esos regalos de Reyes que nos traen a veces con cara exultante por parte de quien lo regala, pero que a nosotros, los receptores, nos deja con una sensación desagradable en el estómago, mezcla de decepción y de vergüenza ante la posibilidad de que se nos note el desagrado en la cara.
Pero en muchas ocasiones, el algoritmo sabe lo que se hace. A mí el de Youtube me lleva un par de semanas insistiendo en que vea un resumen de octavos de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y el Real Zaragoza. Es un resumen de Televisión Española emitido en la desconexión aragonesa y que lleva por título ’El hat-trick de Morientes en San Mamés’. Gracias por el regalo querido algoritmo.
Me voy a poner un poco polla vieja, pero ya no se hacen resúmenes así. Y menos en los que el periodista se pone poético. La introducción no puede pasarse por alto: “En ocasiones, el jarabe de banquillo resulta la mejor medicina para recuperar el ánimo sobre el césped. La famosa competitividad de la que tanto hablan los políticos es el arma que utiliza Víctor Fernández para que sus jugadores no se duerman en los laureles”, recita el periodista de TVE.
Y añade esto del protagonista: “Morientes pasó de ocupar un asiento en la grada a convertirse en experto domador de leones”. Lo de los leones por el Athletic, por si alguno ya no se acuerda del mote de los del Atlhetic. Ahora los resúmenes son un compilado de goles y ocasiones con la narración del partido como única compañía. Una edición lamentable en la que se corta donde pille, aunque te quedes sin saber quién ha marcado el gol. Búscate la vida en google.
Pero del video no sólo me gusta la narración. Me encanta ver a Morientes. O mejor dicho, me encanta ver a un delantero al que no único que se le pide es que haga cosas de delantero. Y esas cosas son rematar, marcar y pelearse con los centrales. No se le pide acercarse a los centrocampistas para participar en el juego, ni caerse a la banda para que no se quien ocupe por sorpresa la posición del nueve.
Por eso, cuando aparece por ahí un delantero de la vieja escuela me obsesiono. Ahora me pasa con Niclas Füllkrug, el del West Ham. Me gusta ver un delantero que acude a la zona de remate con la misma ansia que un perro ante la llegada de las sobras del cordero de Nochebuena. Un ariete que vive sólo del instinto y que no entiende de asistencia. Solo entiende de gol. Me gusta de Füllkrug que no tiene ningún interés en participar del juego. Me gusta no verle tocar un balón durante cincuenta minutos. Pero me fascina verle entrar al área ilusionado porque puede venir un centro. O verle saltando ante un pelotazo de uno de sus defensas para dejar el balón de cara a los jugadores en segunda línea. ¿Qué sólo ha metido dos goles en lo que va de Premier League? Nada, eso son detalles.
A Füllkrug le falta un diente. Hasta en eso es de otra época.
