
Lo que son las cosas. Recientemente andaba cotilleando por Linkedin y me topé con un artículo que hablaba de algo conocido como la teoría del sándwich mixto. No leí mucho más allá del titular porque venía a ser el típico texto que versaba entorno a la mediocridad, y que si quieres puedes y demás palabrería escrita por uno de estos coaches emocionales. Pero lo interesante de todo esto es que la palabra ‘sándwich’ me trajo a la cabeza un jugador de fútbol: Vinny Samways.
Su nombre y apellidos sirven para hablar de uno de los grandes tópicos del fútbol europeo: los ingleses nunca triunfan fuera de las islas. Y nos vale para esa otra frase hecha que dice: «la excepción que confirma la regla», porque Samways fue una de esas rarezas. El inglés dejó un gran recuerdo, sobre todo en su paso por la UD Las Palmas. Y es gracias a sus años en el equipo canario por lo que sigue en la cabeza de muchos. En la mente de los bastantes futboleros, la imagen de Vinny Samways está asociada a su cromo con la camiseta amarilla de Las Palmas.
Porque seamos sinceros, nadie recuerda ya cómo jugaba Samways. Menos aún saber qué tipo de centrocampista era. ¿Quizá un británico al estilo ‘box to box’? ¿tal vez un jugador de banda tipo MacManaman, sin mucha velocidad para correr hasta línea de fondo y sin apenas capacidad de desborde? Quién sabe. La verdad es otra. En el caso de Vinny Samways, el naming es la clave de que permanezca en el imaginario de una generación.
Pero hubo un Samways antes de aterrizar en la liga española. El Tottenham Hotspur fue su casa durante ocho años y donde logró embolsarse una FA Cup. Después llegaron Everton, Wolverhampton Wanderers y Birmingham. Después su paso por las Palmas (1996 a 2002) y tras un descenso de los canarios se fue al Sevilla donde sólo estuvo media temporada.
El londinense volvió a Inglaterra, aunque acabó en Algeciras para finiquitar su carrera como futbolista. Intentó el clásico paso del césped a los banquillos probando en el San Pedro, un equipo malagueño más desconocido que su estilo de juego. Ahora sobrevive como agente de futbolistas en una agenda marbellí. El caso es estar cerca del sol y la playa.
No podía ser de otra manera. Como buen inglés, triunfó en las Islas Canarias y sin recurrir a técnicas como el balconing. La playa y el sol se convirtieron en la zona de confort de este futbolista que siempre nos recordará a una de las mediocridades más maravillosas: el sándwich mixto.
